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«MUCHOS SE PREGUNTAN QUE HACEN LAS MONJAS DE CLAUSURA Y YO DIGO: SALVAN VIDAS»

"MUCHOS SE PREGUNTAN QUE HACEN LAS MONJAS DE CLAUSURA Y YO DIGO: SALVAN VIDAS"(Brian Pierce OP) A los 17 años tuvo una experiencia fuerte en Perú, de esas que suelen tildarse de "bisagra". "Salí de mi país como un joven sin preocupaciones y volví más adulto, con muchas preguntas que nunca antes me había tenido que plantear". reconoce al remontarse a las raíces de su vocación. (Cidalc al Día)

Cidalc al Día
Noticias
 

Entrevista con NOMBRE Y APELLIDO
 
Brian Pierce OP, Promotor General de las Monjas

 
“MUCHOS SE PREGUNTAN QUÉ HACEN LAS MONJAS DE CLAUSURA Y YO DIGO: SALVAN VIDAS”

 
A los 17 años tuvo una experiencia fuerte en Perú, de esas que suelen tildarse de “bisagra”. “Salí de mi país como un joven sin preocupaciones y volví más adulto, con muchas preguntas que nunca antes me había tenido que plantear”, reconoce al remontarse a las raíces de su vocación.
 
Se sintió cautivado por la Orden a través de la vida de silencio de las monjas, sin imaginar que muchos años después sería su Promotor General.
 
Su vida dominicana se nutrió de la “experiencia de ver el rostro del pobre y el silencio impregnado de la presencia de Dios” y, al igual que muchos otros frailes, fue objeto de esa especie de magnetismo que ejerce América Latina: “en Estados Unidos es muy fácil vivir escondido del mundo real, pero América Latina me desnudó,  me cambió”, admite.
 
Brian Pierce, con su sonrisa amplia y franca y un rostro angelado que disimula sus 50 años de vida, ha peregrinado predicando la Palabra de Dios por todos los continentes, excepto el Extremo Oriente, siempre con esa mansa alegría que lo acompaña por doquier.
 
Es norteamericano de origen pero no se exagera al afirmar que vive, piensa, siente, celebra y padece como un latinoamericano genuino.
 
Cuando le preguntan qué hacen las monjas de clausura, él asegura que salvan vidas y que son luz en medio del mundo. Admite, no obstante, que una de las grandes deficiencias que padecen es la falta de formación y está empeñado en que frailes, hermanas y laicos colaboren con ellas.
 
Sin titubeo alguno, Brian asegura que las monjas son quienes experimentan con más intensidad el sentimiento de Familia Dominicana: “nosotros nos olvidamos de ellas, pero ellas no se olvidan de nosotros”. Con la misma sinceridad, confesó que le generó una gran tristeza la eliminación de la figura del promotor de Familia Dominicana puesto que nuestra “Orden está sentada sobre una mina de oro y no nos damos cuenta de que se trata de la Familia Dominicana”.
 
La propuesta de “hacer algo juntos” ha sido su plan estratégico en donde le ha tocado actuar y sostiene que lo que hay que predicar a los hombres y mujeres contemporáneos es el Dios que “se nos acerca” y su misericordia.
 
– ¿Cómo tomaste contacto con los dominicos?
 
– Cuando tenía 17 años, en el colegio obtuve sin hacer nada (porque simplemente me escogieron con otra muchacha) la oportunidad de ser estudiante de intercambio. Viví en Cusco, Perú, y esa experiencia cambió radicalmente mi vida. Cuando llegué a Perú, en el año 1977, imperaba una dictadura terrible y vi un mundo de injusticia y  de violencia.
Salí de mi país como un joven sin preocupaciones y volví más adulto, con muchas preguntas que nunca antes me había tenido que plantear. Mi plan era estudiar ingeniería forestal y después del primer semestre de la universidad, como buscaba respuestas a estas preguntas, estudié ciencias políticas, carrera que terminé antes de ingresar a la Orden.
Creía en Dios y me crié católico aunque mi familia es mixta, mi padre es protestante y mi madre católica, por lo que me desarrollé en un ambiente donde se respetaba la diversidad.

uando retorné y comencé la universidad, ya no viví en el hogar de mis padres, porque quedaba a 5 horas de mi casa. Siempre asistía a Misa con mi mamá y mis hermanos, pero cuando fui a la universidad dejé de hacerlo, más que nada por pereza.
n el primer semestre de la universidad, el profesor de español preguntó quién quería leer en la Misa asegurando que eso iba a sumar puntos en la materia y entonces me ofrecí y conocí la capilla universitaria. Vi a muchos jóvenes cantar, alegres, y empecé a ir a Misa ahí los domingos. Un día hicieron la invitación para visitar un monasterio y pensé que se trataba de unas ruinas medievales.
n esa parte de Texas donde me crié, el porcentaje de católicos oscila entre el uno y el dos por ciento y en ese mundo ir a un monasterio era como ir a ver unas piedras caídas. Pero para mi sorpresa, llegamos a un monasterio muy moderno y lleno de monjas dominicas de clausura. Ese fue mi primer contacto con la Orden.
unto con uno de los estudiantes pregunté a las monjas qué hacían, y nos dijeron: “Rezamos”. Insistimos: “¿y cuando terminan los rezos?”, a lo que respondieron: “Seguimos rezando”. La verdad es que no podíamos creerlo y tres semanas después volví a ver si efectivamente estaban rezando y sí, estaban orando. Lo que me llegó de la experiencia fue el silencio, no sabía qué me atraía del silencio de esa Capilla. Y comencé entonces a ir los sábados y me sentaba horas sin hacer nada, simplemente algo de ese silencio me cambiaba, me tocaba, ahí comenzó el proceso. No tuve, por entonces, mucho contacto con los frailes.
onocí a las monjas al final del primer año de universidad y al final del cuarto año fue cuando decidí entrar a la Orden. Leía algo de los frailes, ¡pero me atraía más la vida de las monjas!
a experiencia en Perú me cambió la vida porque vi la otra cara del mundo, vi al pobre, y eso fue como una gran semilla que se sembró en mí; y la otra gran semilla fue el encuentro con las monjas, porque descubrí el silencio, un silencio lleno de vida. La experiencia de ver el rostro del pobre y el silencio impregnado de la presencia de Dios es lo que ha nutrido toda mi vida dominicana.
ay un texto de Marcos (capítulo 4) que cuenta la parábola del hombre que sale a sembrar la semilla y dice que día y noche la planta germina sin que el hombre se dé cuenta… y ese fue mi proceso, creció mi vocación sin que yo me diera cuenta.
o no sabía que una vocación dominicana estaba naciendo, buscaba respuestas a muchas preguntas y ese silencio me daba el espacio para encontrar esas respuestas.
 
-Y pensar que ahora eres el Promotor de las Monjas… ¿Cómo es que llegas a esta responsabilidad?

 
-Hace dos años que soy el Promotor para las Monjas. Primero fui Promotor para la Familia Dominicana de CIDALC. Cuando fue reducido el equipo, el Maestro me pidió este servicio.  
 
-Cuando te propusieron el cargo ¿aceptaste enseguida?
 
-No tuve tiempo para pensar; fray Carlos no me preguntó si quería hacerlo, me dijo: “quiero que vengas a Roma para ser Promotor de las Monjas”. No obstante, esto no ha sido ningún sufrimiento para mí, aunque debo admitir que dejar América Latina ha sido lo más difícil.
 
-Muchos frailes aluden a esa marca que imprime en su vida la experiencia de vivir en América Latina…
 
-Yo creo que lo que me marcó fue esa primera experiencia en Perú y todos los años que he estado allí… creo que es como la realidad cruda que nos desnuda. A mí me quitó mi máscara, me hizo enfrentarme conmigo mismo y el mundo real y no vivir en el mundo artificial. En Estados Unidos es muy fácil vivir escondido del mundo real, pero América Latina me desnudó, me cambió.
 
-¿Cuál fue el primer Monasterio que visitante como Promotor de las monjas?
 
-El primero fue el de Prouille. El Maestro me encomendó comenzar ahí en la fiesta de la Epifanía. Fue un símbolo hermoso comenzar en el primer monasterio y en la primera comunidad dominicana.
stuve en todos los continentes pero me falta el Extremo Oriente. He estado en Pakistán, pero antes de ser Promotor. Visité muchos monasterios y este año pasado tuve mi primera experiencia en Europa central, recorriendo monasterios en Lituania, Polonia y la República Checa.
a experiencia más grande que tuve fue conocer a una monja, Sor Cecilia, de 101 años, una de las fundadoras de un monasterio en Lituania. Las monjas de ese monasterio escondieron a judíos durante el holocausto y esta monja me contó una historia muy conmovedora. Muchos años después de lo sucedido llega una llamada desde Israel de un hombre que no sabía cómo ponerse en contacto con el monasterio que lo había albergado (el monasterio en Lituania había cerrado y ella ya había vuelto a Polonia) y en un determinado momento ella le dijo el nombre. Luego llegó al monasterio con su novia y se dio cuenta de que esta hermana era una de aquellas que lo habían acogido y entonces le contó que llevaba años buscándolas para agradecerles que le habían salvado la vida. Y estas monjas recibieron el Premio de los Justos que da el Estado de Israel a gente que salvó a judíos del holocausto.
uchos se preguntan qué hacen las monjas de clausura y yo digo que salvan vidas, son una luz en medio del mundo. Tuve la oportunidad de conocer a las monjas de Burundi, donde la mitad de las monjas son tutsis y la otra mitad hutus, las dos tribus que se masacraron durante el genocidio de Ruanda. Y este monasterio fue uno de los pocos lugares donde miembros de ambas tribus convivieron en paz. El monasterio es una escuela de vida cristiana.
n Kenia, hay un monasterio en el que las monjas decidieron que su lengua común fuera el inglés para evitar la formación de subgrupos tribales. En África una de las grandes predicaciones es la unión tribal, demostrar que mujeres de distintos grupos pueden vivir juntas. Dar al mundo una palabra sobre la unidad en la diversidad, en África es fundamental.
n España, por ejemplo, hay un monasterio que todos los días da de comer a 40 o 50 inmigrantes porque nadie lo hace en esa parte de la ciudad.
uando Timothy escribió su última carta a la Orden sobre la vida contemplativa titulada “Una ciudad puesta sobre un monte”, usa esa imagen para hablar sobre el monasterio dominicano, como dice Mateo, para que brille su luz y todos puedan ver la luz.
 
LA MUERTE DE UN MONASTERIO NO ES ALGO QUE HAY QUE LAMENTAR…
 
-¿Cuántos monasterios dominicos hay?

 
– Hay 240 monasterios en el mundo, con 3 mil monjas. Algunos están integrados por dos monjas y otros por más de cuarenta.
a gran mayoría de nuestros monasterios están en España, unos 80, y albergan a monjas muy mayores. En España hay algunas vocaciones, pero no son suficientes para 80 monasterios, por lo que las monjas están empezando a discernir un proceso de cómo fusionarse o cerrar, no como fracaso sino desde la perspectiva de “Señor, ahora puedes a tu siervo ir en paz porque mis ojos han visto la luz”. Yo creo que la muerte de un monasterio no es algo que hay que lamentar, estoy hablando de monasterios que existen desde hace 500, 700 años.
 
-¿Cómo es el proceso de fusión?

 
-No se conocen mucho para la fusión porque no salen, pero, por ejemplo, en Aragón, se han unido varios monasterios. He visitado algunos de ellos y es muy conmovedor que cuando les pides que te cuenten empiezan por el cierre del monasterio y lloran; después, apenas empiezan a secarse los ojos,  comienzan a contar sobre lo que han encontrado al unirse con otras, la alegría y un renacimiento de vida y… empiezan a llorar otra vez. Morir es triste pero volver a renacer es maravilloso.  Todas dicen cómo la liturgia coral es central en su vida y comentan que se habían olvidado qué bella es la liturgia en un coro pleno, porque al ser 6 no es completo, pero al ser 30 o 40, vuelven a encontrar eso.
 
-¿Hay actualmente vocaciones?, ¿en qué lugares?
 
-Hay algunas vocaciones nuevas sobre todo en Asia y África.  En América hay también vocaciones jóvenes  sobre todo en Argentina, Perú, México, Colombia y en Chile, aunque no muchas. En América, no obstante, los números van bajando, pero en un monasterio no es necesario un gran número de ingresos. Una monja nueva cada 3 años está bien. En una provincia de frailes esa cifra plantea dificultades, pero en un monasterio no.
 
 
SU PROYECTO: “¿POR QUÉ NO HACEMOS ALGO JUNTOS?”

 
-Cuándo comenzaste tu gestión como Promotor de las monjas ¿qué objetivo te planteaste?
 
-Manuel, mi antecesor, me ayudó mucho para conocer la realidad de las monjas. Mi plan nació de mi experiencia como Promotor de Familia Dominicana  en CIDALC porque visitaba casas, y eso es bueno ya, pero me di cuenta de que charlar, tomar algo, encontrarse, no produce un fruto grande, y entonces comencé a decir: “¿por qué no hacemos algo juntos: un taller, un curso, un retiro, unos días de misión…?” En CIDALC comencé a plantear que voy a un lugar si hacemos algo juntos, y con las monjas propuse lo mismo a ver si funcionaba… Comencé a proponerles que se juntaran las hermanas de dos o tres monasterios cercanos. Eso hemos hecho en Perú, Argentina y Colombia  donde el año pasado nos dedicamos a estudiar sobre el Sínodo de la Palabra de Dios y fue realmente maravilloso.
ientras hacen el retiro o el curso van conociéndose, comparten ideas y constatan la riqueza que hay en su monasterio. Yo hago una exposición y dejo al Espíritu que trabaje en el silencio. Salen muy animadas ya que encuentran vida que les da vida y verifican que no son las únicas con ese problema.
 
-¿Cuáles son las principales dificultades en los monasterios?
 
-En algunas partes del mundo hay problemas económicos, lo que es normal, pero una de las grandes deficiencias es la formación. Creo que la Orden necesita responder a la formación y he propuesto para este Capítulo que cuando los frailes den cursos en universidades, por ejemplo, que las monjas puedan participar por Internet o se les grabe para luego hacérselos llegar. Creo que les debemos eso a las monjas.
n la Edad Media los frailes eran los encargados de la formación de las monjas y cuando los frailes quisieron lavarse las manos, el mismo Papa les dijo que debían dedicarse a esto y no dejarlas de lado. Creo que frailes, hermanas y laicos tenemos que compartir nuestras experiencias formativas con las monjas. No es necesario que las monjas salgan, especialmente hoy, en el mundo cibernético: pueden hacerlo con una pantalla y así se  sienten parte de la familia dominicana. Creo que ese sentimiento de Familia lo experimentan más que las otras ramas porque cada día ellas oran por todos nosotros. Creo que nosotros nos olvidamos de ellas, pero ellas no se olvidan de nosotros.
 
 
FAMILIA DOMINICANA: “EL AISLAMIENTO DE LAS RAMAS ES INFIDELIDAD”
 
-¿Qué sentiste con la eliminación del cargo del Promotor de Familia Dominicana?
 
-Mucha tristeza, porque he dicho muchas veces que nuestra Orden está sentada sobre una mina de oro y que no nos damos cuenta que se trata de la Familia Dominicana. Son poquísimos los grupos que lo tienen, como los franciscanos por ejemplo. Es la cara de la Iglesia que hace falta hoy, que es religiosa y laica, masculina y femenina, joven y mayor, entregada a los pobres y contemplativa, americana y europea. El aislamiento de las ramas es infidelidad, creo. Para mí, es muy importante que haya una persona cuyo trabajo consista en tejer esas relaciones, y fue de los trabajos que he gozado más en mi vida). Con o sin el promotor, si nos aislamos morimos. En Prouille ya en 1207, un año después de juntar a las primeras hermanas, estaban viviendo con Domingo un grupo de sacerdotes que lo acompañaban a predicar, las hermanas y también había familias laicales. En 1207 ya existía la Familia Dominicana. Si somos fieles a la historia, existía la familia antes que la Orden, porque recién en 1216 comienza a existir la Orden, 9 años después de que Domingo estuviera junto con la Familia.
 
SELLO PROPIO: “TRABAJAR PARA QUE EL MUNDO DE LOS MONASTERIOS SE ACERQUE”
 
-¿Cuál consideras  que es tu sello propio como Promotor de las Monjas?

 
-Yo creo que el trabajo de juntar a las monjas en encuentros entre ellas para que descubran la vida “allá”, es uno de los sellos que quisiera dejar, que las monjas se vayan conociendo y que el mundo de los monasterios se acerque.
Y, por otro lado, mi gran pasión es la predicación. Algunos habrán trabajado mucho en temas de teología con las monjas, otros en espiritualidad o en filosofía, y lo que yo trabajo y quiero trabajar con las monjas es la Palabra de Dios y ayudarles a darse cuenta de que su vida es una predicación.
 
– Brian, ¿qué tenemos que predicar hoy?                                                                
 
-Nuestra predicación tiene que mostrar al mundo el rostro humano de Jesús. Necesitamos experimentar por medio de la predicación al Dios cercano, este Dios que se nos acercó. Y lo otro que necesitamos predicar es la misericordia. Cuando entré en la Orden y escuchaba mucho la palabra misericordia pensaba en el Sacramento de la Confesión. Al ir conociendo a Santo Domingo e ir leyendo los evangelios estoy convencido de que Domingo entendió profundamente el tema de Jesús y su misericordia con los pecadores, pequeños y marginados.
no de mis textos preferidos es el de la sanación del ciego Bartimeo, que está al borde del camino gritando y nadie lo escucha, y el texto dice que Jesús se detuvo. Es el gesto que indica: “tú eres un ser humano y quiero escucharte”, “quiero compartir contigo la Buena Noticia y no te condeno”. El otro es un ser humano y ese es el gran grito de este año y del año próximo, en que conmemoramos el Sermón de Montesinos.
 
 
FICHA TÉCNICA DE BRIAN PIERCE
 
•         Nacionalidad: norteamericano, de Texas
•         Edad: 50 años
•         Familia: compuesta por cuatro hermanos varones, papá y mamá (“la familia está un poco regada por EEUU, pero tratamos de vernos una vez al año porque llevo muchos años fuera”).
•         Aficciones: caminar por bosques y montañas (“me encanta el campo, nos criamos con caballos; uno de mis hermanos y yo cuidábamos los caballos; no vivíamos en un rancho, pero a 2 cuadras sí  había uno pequeño y había caballos  nuestros y un huerto familiar, por lo que desde muy joven el campo fue el lugar donde descubrí la libertad”).
•         Libros preferidos: “El Diario Espiritual” de Etty Hillesum (una judía holandesa que murió en un campo de concentración durante la II Guerra Mundial) y el libro de Fr Jean-Jacques Pérennès, OP, sobre la Vida del Obispo dominico Pierre Claverie, OP.  En inglés este libro se llama: A Life Poured Out ("Una Vida Derramada").  
•         Música: "country" del Sur de los EE.UU., clásica y música andina.

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